SANROKE

No fueron tres meses

 

Hay proyectos que se afrontan con más motivación y el proceso de creación de la portada para este libro ha sido, sin duda, uno de ellos. Y es que mi familia tiene mucho paralelismo con los protagonistas de esta novela. Al igual que ellos, mi padre junto con sus dos hermanos pequeños, embarcó en Santurtzi en mayo de 1937, en el vapor Habana, huyendo de las bombas fascistas que auguraban la inminente caída de Bilbao en sus manos. Lo que en principio algunos creían que sería una corta estancia en Inglaterra, «no más de tres meses», se prolongó en su caso a más de dos años de exilio.

Esta experiencia le marcó para siempre, recuerdo que cuando éramos niños nos contaba infinidad de anécdotas. La mayoría alegres, como cuando nos cantaba los himnos religiosos que los miembros del Salvation Army (Ejército de Salvación), en cuyas colonias estuvo, les hacían aprender de memoria y que recordó toda su vida. O aquellas alubias dulces que les daban de comer pensando que les recordaría a su tierra, o los atracones de fish & chips de sus paseos.

ESTEBAN MONTORIO URIBARREN
Me dedico al diseño gráfico, a la comunicación visual, vivo en Bilbao y disfruto con mi trabajo.

Aprendió inglés y pudo hacer algunos estudios de artes y oficios. De lo allí vivido, me transmitió el disfrutar de un buen te a media tarde, reconocer unas acuarelas de calidad, el nombre de muchos colores…

Con los años fui conociendo vivencias más amargas, como la de que por ser ya un adolescente no era elegido habitualmente por los voluntarios británicos para los paseos y excursiones dominicales, ya que preferían a los más pequeños. O que ya no volvió a ver a su hermano mayor muerto en combate en el Ebro con 18 años recién cumplidos, tras abandonar su exilio en Iparralde.

Documentándome para diseñar la portada, he dado con un tesoro, una fotografía de prensa de la llegada de los primeros niños vascos a los locales londinenses del Ejército de Salvación y allí, en el centro, ¡he reconocido a mi padre! (que pena que sea ya tarde para él). Dándose la paradoja de que yo, ya adulto, puedo percibir en la mirada perdida y triste del niño que mi padre fue, todos aquellos otros sentimientos que no me transmitió en vida. No he podido reprimir que una lágrima de tristeza resbale por mi cara.

Publicado en la revista Txalaparta

2021eko uda

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