PALABRA

Mi infancia transitó por años de blanco y negro, vigilados férreamente por los grises. Así que las opciones de elección eran mínimas: dos canales de televisión, dos periódicos, dos bachilleratos… En esta época, veía mi futuro en la arquitectura, así que dejando a un lado las letras, elegí las ciencias. Pero la vida te lleva por caminos no siempre previstos y los casi 30 años que llevo diseñando libros me han descubierto tanto el peligro de los adjetivos como el poder de algunas palabras.
Si cambio la denominación de la humilde manzana que me como a media mañana por la de pieza de fruta, mi alimentación se convierte en saludable y dietética. Es tal el poder de la palabra pieza, que basta con sustituir otra por esta, para que pierda automáticamente su valor utilitario y se convierta en algo artístico, ornamental o de valor superior.

ESTEBAN MONTORIO URIBARREN

Me dedico al diseño gráfico, a la comunicación visual, vivo en Bilbao y disfruto con mi trabajo.

“He descubierto tanto el peligro de los adjetivos, como el poder de algunas palabras.”

 

Así, ese sofá de colores chillones que coloniza tu salón, sube un escalafón social al definirlo como una pieza central de gran colorido. Prueba a sustituir algunas palabras por la susodicha. No es lo mismo tener una figurita en una estantería que una pequeña pieza, ni duele tanto que te extraigan una pieza como que te saquen una muela. Puede que te guste una canción, pero no admite comparación con el disfrute de una pieza bien interpretada.
Pero, como en todo, encontramos excepciones que se resisten a ser sustituidas. Así, es muy difícil cambiar por ella la palabra libro sin que su significado se diluya y desaparezca. Afortunadamente sigue siendo un objeto, humilde, asequible y todavía necesario.

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Seguramente no es casual que esté escribiendo estas líneas un 20 de noviembre. Una fecha que aquí acumula tantas efemérides, algunas cercanas y dolorosas, pero que en otros territorios, no muy lejanos, son de celebración. Así, en conmemoración de la publicación de uno de sus libros más universales, Tirant lo Blanc, hoy es también el Dia del Llibre Valencià. Y miro, con cierta envidia, no solo que tengan su propio día del libro, sino que la Generalitat aproveche la fecha para entregar los premios a los libros mejor editados del año y a las librerías innovadoras y con destacada trayectoria de aquella Comunidad. Poniendo así en valor «el esfuerzo de las editoriales por hacer atractiva la lectura de los libros, y la labor de las librerías por ofrecernos paraísos donde disfrutar de la lectura».
A la espera de que entre nosotros también se reconozca el valor de esta vertiente industrial de la cultura editorial, intentaré seguir esforzándome en aportar mi granito de arena para que el libro siga siendo un objeto atractivo y necesario y no acabe convirtiéndose en una pieza de museo

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Publicado en la revista Txalaparta Gure Liburuak 56

2018ko negua

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