EXVOTOS

Quedan lejos, muy muy lejos y en todos los sentidos, aquellos domingos de largas misas matinales y tardes de no-do y cine de mi infancia.
La decoración habitual de los templos católicos, no ofrecía muchas vías de escape, casi todo eran esculturas de santos, vírgenes, angelotes… y, por supuesto, los tenebrosos Cristos crucificados. Sin embargo, el hecho de vivir en una villa con puerto y la costumbre de acudir con frecuencia a la basílica de Begoña, me ofrecía la posibilidad de navegar por un mundo diferente, el de los exvotos. No tanto por las muletas, figuras de cera, cabellos, etc., que colgaban en los techos de la entrada, sino por los mares representados en los cuadros votivos colgados en el interior. La palabra exvoto procede de la expresión latina exvoto suscepto (como consecuencia de un voto) y son elementos con una fuerte carga simbólica, ya que sintetizan la prueba física de un contrato suscrito entre el ser humano y la divinidad. La mentalidad popular atribuye a la intervención o intercesión divina el resultado feliz que ha motivado el exvoto.

 

ESTEBAN MONTORIO URIBARREN

Me dedico al diseño gráfico, a la comunicación visual, vivo en Bilbao y disfruto con mi trabajo.

“Nada que pueda ayudar a leer a la gente puede ser malo. Por muy feo que sea.”

Dentro de la iglesia, y a la sombra de grandes cuadros desde los que clavaban en mí sus miradas obispos, curas, autoridades y hasta guardias civiles de gala, unas pequeñas imágenes de vapores y veleros que daban vida a los momentos angustiosos vividos en alta mar por sus tripulantes, eran la ventana por la que evadirme de las amenazas que venían del púlpito. No todos eran de la misma calidad, ya que en el mejor de los casos se encargaban a los denominados despectivamente «pintores de milagros» (salvo unas pocas excepciones como el que ilustra esta columna y que se atribuye al pintor inglés Charles Gregory), pero que al igual que un buen diseño, y de forma anónima, cumplían con creces la función para la que habían sido creados.

Creo que no existe una categoría «penitencial» de exvotos, pero me acabo de enterar de que la tan menospreciada, al menos entre nosotros los diseñadores, tipografía Comic Sans facilita la vida a mucha gente. Es cierto, no tiene ni la elegancia ni el equilibrio de otras fuentes más respetadas, pero tiene algo que no encontramos en casi ninguna otra tipografía: es legible para las personas con dislexia.

Parece ser que añadir ciertas claves a las tipografías puede ayudarles a que procesen mejor las letras y las palabras. Y esas claves están, parcialmente y puede que sin intención, en nuestra odiada Comic Sans. Por eso, organizaciones como la Asociación Británica de la Dislexia, la Asociación Disléxica de Irlanda o Madrid con la Dislexia recomiendan su uso. De hecho, hay tipografías específicamente diseñadas para facilitar la lectura (como la Lexia Readable) que se basan directamente en la Comic Sans.

Así que entono este mea culpa componiéndolo en esa tipografía, y a modo de exvoto, ya que nada que ayude a leer a la gente puede ser malo. Por muy feo que sea.

Publicado en la revista Gure Liburuak 53

2017ko udaberria

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